Editorial. Marcelo Sosa
Mayoritariamente, el sector del campo argentino (y sus industrias relacionadas) respaldó con su voto a Javier Milei.
Los ruralistas patagónicos no fueron la excepción.
Básicamente, dos promesas apalancaron ese voto. Por un lado, el de una motosierra destruyendo al Estado desde adentro. Por el otro la desregulación para que el libre mercado se imponga. Y Milei les está cumpliendo.
Sin embargo, ya hay quienes comienzan a darse cuenta del error cometido al acompañar un plan cuya único fien era el de dinamitar todo. Y, aunque no lo reconozcan públicamente, el arrepentimiento está a flor de piel.
Es que la motosierra también atacó a organismos de los que “el campo” también se sirve, como el INTA u otras instituciones técnicas científicas que luego trasladan tecnología al territorio. Para acceder a esa tecnología, ahora deberán buscarla en otros ámbitos, incluso probablemente fuera de nuestras fronteras y pagando más caro. Y no. No es una picardía. Es un programa de primarización y desindustrialización de nuestra producción.
Y las desregulaciones, que tanto deseaban, ahora se convirtieron en un boomerang que puede profundizar aún mas el vaciamiento de los campos patagónicos y poner en serias dificultades a los frigoríficos.
En este segundo tópico, son cuatro las decisiones libertarias que atentan contra la producción patagónica. A saber.
Primero la competencia de mercado. El sueño húmedo de los principales referentes del sector de la producción, ya esta haciendo estragos a partir de la apertura al ingreso de alimentos desde el exterior. Hoy se escucha el lamento, por ejemplo, en la industria vitivinícola, la yerbatera y la de cítricos. Los productos de mar van por el mismo camino y allí Chubut tiene mucho por perder.
Segundo, la apertura de importaciones de maquinaria, incluso permitiendo que ingrese maquinaria usada. El resultado será fatal para nuestras fábricas.
Tercero, la desregulación que permite la exportación de ganado en pie. Por ejemplo, DICASUR en Trevelin, podría ver reducida su operatoria de forma importante, pese a que en los últimos años se invirtiera en su planta ubicada en “Cinco Esquinas”, millones de pesos en equipamiento y capacitación de personal.
Y cuarto, la desregulación que permite el ingreso de carne con hueso desde el norte a la Patagonia, eliminando la barrera sanitaria que protegía al sur argentino de la aftosa.
Patagonia pierde el estatus de Libre de Aftosa sin Vacunación.
Esto implicará que los productores del norte podrán meter sus productos en mercados como el nuestro. A los productores locales les resultará extremadamente complejo poder competir en precios a partir de las diferencias notables en costos, especialmente en materia de materias primas y logística. Los engordes entrarán a estar en duros aprieto.
Y también aquí DICASUR podría verse afectado.
Lo que tanto pedían a viva voz los productores locales (desregulaciones y motosierra contra lo estatal), Milei se los está cumpliendo.
“Ten cuidado con lo que deseas. Se puede convertir en realidad”. Así reza un proverbio chino.
A llorar al campito, como dice el propio Milei.