LA ENCRUCIJADA DE LOS INTENDENTES «PERONISTAS». Por Marcelo Sosa
Cada día es mas fuerte el rumor de una posible alianza de Ignacio Torres, por ahora en el PRO, con la Libertad Avanza.
Hay quienes aseguran que ya hay charlas entre el jerarca provincial y los popes libertarios. También, advierten, hay tanto entre los amarillos como entre los violetas, quienes no quieren saber nada con ese romance.
Mientras tanto, a nivel cordillerano, referentes y militantes encumbrados del radicalismo de cabotaje, afirman que a ellos nadie les está consultando nada y alertan de que “Milei es el límite”, cosa que habría que tomarla con pinzas dado que, para los herederos de Raúl Ricardo Alfonsín, Mauricio Macri también era “el límite” tal como el Padre de la Democracia había expresado, pero luego de olvidaron y, con carita de asco, lo militaron, lo votaron y luego, como Pedro con Jesús, lo negaron tres veces, para luego encolumnarse y salir a bancarlo.
Pero todo lo anterior es historia que se está escribiendo dentro del antiperonismo, ese que con tal de oponerse a lo popular y nacional, está dispuesto a entregar las banderas, los mástiles y hasta a los abanderados.
Lo que a esta altura no pocos se preguntan, es que van a hacer los intendentes supuestamente peronistas, hoy afectados gravemente en sus gestiones por la falta de recursos a partir de las políticas implementadas por Milei. Hoy hay varios intendentes en toda la provincia que si bien no reconocen ser novios públicamente con el Gobernador, si deambulan en sus sábanas (políticamente hablando) como amantes de ocasión, recibiendo algunas pocas muestras de cariño.
¿Se pintarán también de violeta para sumarse al aparato comandado por Karina Milei?. Porque una cosa es tener de jefe político a Nacho Torres, y otra es subordinarse a una cadena de mando que tenga también a los Treffinger, Tacceta, Frías y Bustos.
Para quienes cada día están en la trinchera, atendiendo al pueblo empobrecido, seguramente no les resultará fácil encontrar argumentos, más que el beneficio personal, para sumarse a la extrema derecha libertaria.
La encrucijada que tienen por delante es taparse la nariz y meterse en el barro libertario o sostener las banderas aunque ello implique someterse a los castigo de Fontana 50.